Algunos autores utilizan la expresión “El marketing es tanto una filosofía como una técnica”. Esta expresión nos indica que como filosofía es una actitud y una forma de concebir la relación de intercambio de las empresas con su entorno y, especialmente, con las personas. Esta relación de intercambio determina la razón de “ser y estar” de una empresa en el mercado. Ninguna empresa puede mantenerse en el mercado sin satisfacer las necesidades y los deseos de sus clientes.  Como técnica, el marketing es la forma en que se realiza diariamente esta relación de intercambio.

Es pues, un puente de información que crea cultura, la cultura como vive y desea vivir ese “consumidor de información”;  es decir, que actúa sobre la demanda. La demanda que a su vez  se genera a partir de necesidades y deseos de los consumidores. Por tanto un marketing autentico es el que estudia y conoce  los cambios de la cultura y sabe cómo y qué producto ofrecer a las personas. Como veis en ningún caso puede ni debe ser el producto de una improvisación y de una serie de estrategias inconexas. El marketing  al igual que la sociedad evoluciona. Se han diversificado sus enfoques y las técnicas empleadas y cada día hay una nueva forma de hacer marketing. Ya no se trata de diferenciar entre el marketing tradicional, el nuevo marketing o marketing digital, como si se tratase de una dicotomía hoy día “lo virtual es real y lo real es también virtual”. Por ello os animo a leer, a crear y recrear y sobre todo, a proponer y atreveros a proponer una nueva forma de hacer marketing.

No se debe confundir la improvisación con la creatividad, porque esté último es una herramienta muy útil y eficaz.

funny marketingSi te ha gustado este artículo, te invito a ver la lista de las 10 mejores campañas de marketing de 2012 y a leer un buen libro de Martí Parreño sobre Marketing titulado “Funny Marketing”   Porque  hacer marketing es formarse informarse y sobre todo,  sumergirse en la realidad. No es improvisar sino planificar con un propósito. Conocer la realidad.

El marketing no es sinónimo de improvisación